quinta-feira, 26 de janeiro de 2017

O Motim das Maçarocas

Creio que as pessoas que se dedicam a conhecer a história da nossa cidade conhecerão ou pelo menos já ouviu ou leu em tempos, algo sobre este motim. Foi, ao que parece, uma sublevação do povo contra a opressão fiscal imposta por Filipe III (IV de Espanha e último dos nossos Filipes) que necessitava sempre e cada vez mais, de dinheiro para o negócio do socorro da Índia, ou seja, defender as possessões portuguesas do Indico.

Todos os autores que a ele se referem desde os inícios do séc. XX até hoje, vão busca-lo sobretudo a Agostinho Rebelo da Costa, que viveu quase duzentos anos depois dele. Contudo o que muita gente desconhece é que a fonte principal do autor da Descrição topográfica e histórica da cidade do Porto terá sido Manoel Pereira de Novaes, beneditino que passou a maior parte da sua vida na Galiza, mas portuense de origem e que aqui terá passado muita da sua juventude. Não se julgue que Novaes é contemporâneo dos acontecimentos uma vez que ele escreve pelos anos 80 do séc. XVII e estes deram-se ainda nos anos 20 do mesmo século. Quando muito seria um jovem de tenra idade. Me parece que a sua narrativa não poderia ter vindo da memória... Seja como for, dada a descrição cheia de colorido e pormenor que faz da sublevação, leva-me a crer tivesse consultado pessoas que presenciassem os factos que abaixo se vão ler.

Uma advertência: pelo menos a data de 1628 estará erradamente atribuída. Segundo informação que colho da História da Cidade do Porto, coordenada pelo Prof. Damião Peres e publicada pela Portucalense Editora, ter-se-á dado o caso no ano seguinte.

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Sigamos então Manoel Pereira de Novaes:
«(…) por el año de 1628, llegò Don Francisco de Lucena, Secretario del Consejo de Estado de Portugal, que residia en Madrid, mandado por el mesmo Real Consejo a efecto de poner en esta ciudad de o Porto cierto impuesto y tributo, que llamauan el Real de Agoa, y, por otro estilo, de las Massarocas.

De lo qual, por la sospecha que yà corria en el pueblo, que temia se lleuasse a execusion este nuebo tributo, se leuantò tan grande aluoroto y mouimiento popular que apenas, sin euidente peligro, se pudo escapar el mesmo Don Francisco de Lucena y vno hijo suyo, que le acompañaua, acogiendose ambos al conuento de Santo Domingo, y de alli, por la huerta deste monasterio, a la huerta de San Francisco, y alli se puso en mayor y màs notorio peligro; porque el pueblo, lleuado de la sospecha, e de vn furor indomito, ciego y sin discursso, se ajuntò a la puerta deste conuento, assi de la iglesia, como a la de la Portaria, y con tanto desacato al sagrado deste monasterio, que quasi se atreuiò a romper la de la portaria, que sale a la calle que baxa a los Baños, y con tanta intrepidez, que, como digo, quasi la huuo arrombada para entrar en la clausura del conuento; e lo hisiera sin duda alguna si no fuera Don Francisco de Saa y Menezes, Camarero Mayor de su magestad, y Conde de Penaguiam y Matosiños, que, como es Alcalde y Capitan General de las armas de la ciudad, se puso luego a cauallo, mandò tocar caxas y juntò las banderas de milicia de los vezinos, y, con esta buena disposicion, y mandar que, desde la portaria del counento hasta la plaça de la Ribera y embarcadero del caiz, estuuiessen las companias de la ciudad puestas en ala, con sus mosquetes e arcabuzes calados y ceuados, de vna parte y otra de las calles, y mandar que las barcas del passaje del rio con los vergantines y bateles de todas las naos estuuiessen de prompto para el passaje, sacò del monasterio a Don Francisco y a su hijo, y, lleuandolos por medio de las companias que estauan animadas a las calles y ruas, les passò de la otra parte de la ciudad y puso en el monasterio de la sierra, sin peligro alguno; y luego mandò que los mesmos barcos y bateles y esquifes de la ciudad se passassen allà, a Villa Nueba, iuitando assi que los del motin no tuuiessen en que se pudiessen atreuer al passar de la otra banda.
Sítio onde Lucena e seu filho poderão ter atravessado a cerca do horta dominicana (D) para a franciscana (F). A linha marcada aponta sensivelmente o local onde existia o muro divisório.
Puesto assi Don Francisco de Lucena y su hijo en el monasterio de San Saluador de la Sierra, que es de Canonigos Reglares de San Agustin de la Congregacion de Santa Cruz de Coimbra, fuè visitado de nuestro obispo, Don Fray Iuan de Valladares, y de los señores de la camara; porque estes no tuuieron influxo en este atrebimiento, porque todo ello procediò en todo lo màs asqueroso y vil de la plebe, y sin cabeça, nin disposicion, solo guiados de su libertad y de lo primero que se les puso en la aprehencion de su indiscreto furor; con que, ciegos obraron esta inaduertida insolencia, con que los senadores de la ciudad le quisieron boluer a ella para poner en execucion el orden del real consejo, lo qual no quiso haser el mesmo señor Don Francisco de Luçena.
Portaria do convento e entrada da Igreja franciscana, onde os revoltosos se terão aglomerado (a portaria não era ainda esta mas o local é o mesmo).
Nuestro señor obispo se offreciò a lo mismo, como tan interezado en la amistad, que el secretario Lucena tenia com Mendo da Mota Valladares, su hermano, que era oydor del mesmo real consejo, y le offreciò su palacio que el Lucena no acceptò; no por desconfiança del praelado, que bien conocia su sinceridad, sinò por obuiar algun otro peligro que acarreasse el tienpo, como assi luego aconteciò; porque los amotinados, como gente indomita y cerril, cerrando los ojos al discursso, buscando barcos en San Iuan da Foz, Ouro y Maçarellos, passaron el conuento de la sierra, a tienpo que estaua visitando a Don Francisco de Lucena el Corregedor, Pedro Ferraz de Nouaes, y el Iuez de Fora.

De suerte que del tropel y estrondo de los tumultuosos no tuuo otro remedio el secretario Lucena y su hijo sinò de metersse a dentro del bosque de la tapada del conuento y passarsse a Quebrantones, y aqui, montado a cauallo se partieron desconocidos a Madrid, a dar quenta al consejo del lançe del sucesso, que fuè notable en el desalino y desacato, acompañandole el mesmo Iuez de Fora y Corregedor.
Mosteiro dos Conegos Regrantes de Santo Agostinho, onde Lucena se refugiou e dali fugiu, pelo bosque, em direção a Quebrantões, a salvo da populaça.
En esta ocasion deste tumulto, no estaua en la ciudad el Gouernador de la Chancilleria, Diego Lopez de Souza, Conde II de Miranda, que, a estar, no sè como passara tan leuemente el castigo deste motin tan ciego y indiscreto; porque aunque se castigò, no fuè con la acrimonia que merecia este popular y soez atreuimiento. 
Nuestro obispo se huuo con notable dolor de sentimiento; pero, no lo pudo remediar, aunque despues, con cartas para su hermano, Mendo da Mota de Valladares, y para el Praesidente del Consejo, Don Carlos de Aragon, en que intercedia por la ciudad, y su indemnidad, fuè de mucha consequencia, para que el castigo tuuiesse termino, y no se passasse adelante en el castigo de los delinquentes, con que se le deue, a el, el poco cazo que se hizo del delito. (...)»
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E assim voltou para Madrid o enviado de Filipe III...

Com efeito e aparentemente, a admoestação de Filipe III nem existiu, apenas chegando ao Porto uma carta felicitando os do Concelho pelo modo como haviam defendido a vida do seu enviado, particularmente no que toca "ao excesso que alguuns moços e povo miudo commetterão".

Terá tudo acontecido como o pinta Novaes? Quem o poderá firmar com plena certeza hoje? A história é feita e contada pelos sobreviventes sejam eles pessoas, relatos ou documentos. E este é o relato mais antigo do suposto motim, ao qual como atrás referido, todos os outros vão beber e por vezes estropiar.

Quem quiser tomar conhecimento de uma outra revolta no Porto contra o governo de Filipe III poderá ler este trabalho. Este aconteceu já nas vésperas da conjura de 1640 que veio a eleger de novo um monarca português.

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